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jueves, 5 de mayo de 2011

La Piedra



La Piedra


Mirábamos con Samael a Pilato, que tomó una de las piedras, la palpó y la volvió a tirar en el suelo. Tomó otra, la palpo, la olió, y probó con los dientes. Satisfecho la levantó en dirección a Samael.
El Samael, sin quitarle los ojos de encima a Pilato, me dijo: ¿Notaste cómo tomó la piedra? Mátenlo.

Noche Prusiana




Noche Prusiana


Cenábamos en silencio en el refugio 34. Entonces entró Mijail. Dejó la puerta abierta para que sintiéramos el frío de la noche prusiana. Mjjail me miró con odio y luego dijo: Kol se infectó. Los demás bajaron la cabeza y siguieron masticando. Terminé de comer y salí a fumar. Tosí y escupí sangre. Con suerte me quedaban dos o tres días más; y sin embargo, pensar en Mijail llenándole de plomo la cabeza a Kol... era un fin del mundo demasiado bueno. Reí en medio del frío mientras esperaba que Mijail presionara el gatillo.

miércoles, 13 de abril de 2011

La Bomba

La Bomba



Había pájaros pesimistas quejándose de semejante espectáculo. El tic-tac de la bomba era una tortura china para Selina.
- ¿Podés prestarme atención la recalcada concha de tu madre?
- Te estoy prestando atención Bel, de verdad –mintió Selina.
- Siempre estás en otra cosa, estás acá y en otro lado, estoy harta.
- Siempre fui así. Vos me aceptaste así –le dijo mientras le tomaba las manos cortando las distancias entre ellas por la mesa-. Te amo, lo sabés, pero me parece que deberíamos solucionar antes el tema de la bomba que…
- ¿Te das cuenta? No nos vemos nunca, quiero poner un poco de proyecto en esta relación y vos me hablás de una bomba de mierda?¿Te das cuenta que siempre hacés lo mismo?
Belén soltó las manos de Selina y se recostó en la silla. Los ojos verdes de Belén ardían. Estaba furiosa, cansada, dolida. Selina creía que estaba hermosa, incluso, tal vez le besaría el cuello y comenzarían a solucionar la discusión como otras tantas veces, pero la bomba…
- Está bien. Vamos a hablar en serio -Selina jamás sudaba, pero ahora tenía el pelo rubio mojado, empapado, sucio-. Estuve pensando, sobre algo que podría ser muy bueno para nosotras.
- Hablá.
Selina necesitaba algo fuerte, que convenciera a su novia. Algo sólido, para safar del momento, para ver si podía desactivar la bomba. La mayoría eran falsas alarmas, pero.. ¿Y si ésta no lo era? Selina no quería perder a Belén. Estaba enamorada, pero Selina, no dejaba de ser Selina, con todo lo que eso implicaba. Belén lo sabía y ahora necesitaba un plato fuerte. Nada de trucos baratos. Un paso adelante. Antes había sido irse a vivir juntas, pero ahora, eso no alcanzaba.
Selina respiró hondo y miró fijo a su novia.
- Adoptemos.
Parecía que había explotado una bomba en la cara de Belén. Se quedó petrificada, con los ojos y la boca abierta. No podía creerlo, que ese verbo hubiese salido de la boca de Selina. No podía ser real.
- Yo… yo…
- Tenemos dinero para hacerlo, podemos manejar los horarios del trabajo para poder cuidar a nuestro hijo. O hija.
- Hi.. hijo –apenas pudo soltar Belén que parecía haber perdido toda su fuerza y seguridad.
Selina asintió con la cabeza. Se levantó, rodeó la mesa y la besó en la boca. Belén tenía los ojos humedecidos.
- Ahora voy a…. –dijo Selina mientras se metía debajo de la mesa.
- Sí –dijo Belén.
En unos segundos Selina estaba con la bomba desactivada en la mano.
-  Voy a llevarla a la comisaría –dijo Selina mientras sonreía y balanceaba la bomba como si fuese un péndulo para hipnotizar.
Belén asintió con la cabeza varias veces mientras lloraba en silencio.
- Vuelvo en un par de horas.
Selina tomó la campera de jean colgada detrás de la puerta del departamento y se fue.
Belén se secó las lágrimas y observó por el ventanal del balcón. Afuera hacía un día hermoso ¿Por qué Selina tenía que haberle mentido así? Esta vez había llegado demasiado lejos.
Belén buscó en el bolsillo del jogging. Sacó un control remoto y presionó el botón.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El amor lo justifica todo

El amor lo justifica todo



Estábamos dando vueltas. Entonces, nos encontramos.
Ella era preciosa, de pelo negro y piel blanca. Las facciones de su cara, de otro planeta. Perfectamente imperfecta.
Yo la obligué a venir, y ella me obligó a cambiar de planes.
Le dije que yo quería ser el mejor del mundo y ella me dijo que quería ser la mejor del universo.
Yo caí rendido a sus pies y trabajé duro para robarle un beso.
Fui metiéndome en su vida, mientras ella me aceptaba. Yo la quería, la amaba.
Ella era especial y yo era afortunado.
El tiempo se aceleró y yo fui feliz, feliz, feliz.
Un día me dijo que estaba embarazada y yo me sentí hombre, El Hombre.
Ella, en cambio, sintió que deseaba matar. Ella decía que era por dinero. Que era por nuestro hijo. Y yo le creí, no podía ser otra cosa más que un capricho de madre primeriza. Debo admitir que el hecho de que ella fuese asesina, me excitaba sobremanera. 
Pasaba el tiempo y ella seguía asesinando cada vez más. Los vecinos comenzaban a dudar de nosotros.
Un día nos peleamos, yo estaba cansado de acumular cadáveres en el sótano. Entonces me confesó su pasión por matar, me confesó que necesitaba hacerlo, que era una maldición. dulce. Ella era feliz así, era la reina mortal, era especial, era la mejor del universo.
Lo acepté  porque el amor justifica todo.  Así que nos dedicábamos a hacer el amor, yo acababa enseguida y ella acababa con la vida de alguien.
Y el día de la desgracia anunciada llegó. Entre lágrimas, ella me dijo que me fuera de casa, que tarde o temprano ella no podría controlarse.
Yo la amaba, porque estaba loca, porque estaba esperando un hijo mío, porque éramos el uno para el otro y el amor lo justifica todo: incluso que yo me convierta en un cadáver.
Yo siempre fui menos, yo era común, ordinario. Ahora la observo, hermosa, de camisón blanco, demasiado embarazada. Se acerca con el cuchillo. Firme. Despacio. No tengo miedo, porque el amor lo justifica todo, y ahora yo soy especial, soy el rey carne, el rey cadáver. Yo ya no soy el mejor del mundo, soy el mejor del universo.